Crisis y conflictos personales

A lo largo de nuestra vida, es inevitable que pasemos por distintas crisis personales, a las que a veces llamamos crisis existenciales. Algunos ejemplos paradigmáticos son la llamada crisis de los 40 o, en el caso de las mujeres, la crisis por la que se pasa en la perimenopausia y la menopausia, el momento de la jubilación, la llegada de un hijo, el momento en que los hijos se van de casa…

Son situaciones naturales en el curso de la vida, pero que nos exigen adaptarnos a una situación y a un entorno distintos, por lo que suelen resultar traumáticas. Tienen la peculiaridad de que, a pesar de que todos sabemos que deberemos enfrentarnos a ellas en un momento u otro, casi siempre parecen pillarnos por sorpresa. Para superarlas con éxito necesitaremos tiempo y aplicar habilidades de afrontamiento y de adaptación.

También debemos enfrentarnos, en mayor o menor medida, a cambios súbitos, que no esperábamos, como la pérdida de trabajo, la ruptura de la pareja, pérdida del cónyuge… Es lo que solemos entender normalmente como crisis y, normalmente, genera mayor inestabilidad emocional y sentimientos de inseguridad y de indefensión que las anteriores.

Resulta útil no entender las crisis como algo estrictamente negativo y ver que, casi siempre, suponen una oportunidad de crecimiento personal.

El psicólogo puede ayudarnos en este proceso, tanto cuando se trata de crisis evolutivas esperables (el primer tipo del que hemos hablado) como circunstanciales y súbitas (el segundo tipo).

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