Todos, a lo largo de nuestras vidas, presentamos conductas inadecuadas que parecen escapar no sólo a nuestro control, sino también a nuestra voluntad. Es importante recordar que no siempre es señal de enfermedad o de trastorno mental, sino que pueden ser, sencillamente, una muestra de desajuste y de malestar ante lo que nos rodea, lo que hace que aparezcan sentimientos de rechazo, de incomprensión y de aislamiento, así como conductas congruentes con estas emociones.

Lo fundamental es que requieren atención, tanto si se trata de un trastorno o no (el profesional de la salud mental es la persona más indicada para determinarlo), porque generan malestar y sufrimiento, tanto a la persona que los padece como a quienes le rodean y le quieren. Pueden llegar a interferir con nuestro funcionamiento en la vida cotidiana y suelen generar conflictos con los demás.

Es importante recordar que la adolescencia es una fase vital en la que la conducta se altera de manera natural y que todos esos signos de rebeldía y de oposición que tanto alteran a los padres no tienen por qué ser, necesariamente, indicio de un trastorno de conducta. En todo caso, si esto es algo que te preocupa, una visita al psicólogo puede ayudarte a esclarecer si se trata de una conducta adolescente normal o de un posible trastorno de conducta.

Los trastornos de conducta comprenden varias alteraciones que tienen que ver con la dificultad de controlar los impulsos, conductas adictivas, agresividad, inhibición…

Consultar con un psicólogo te ayudará a determinar qué te sucede y a mejorar tu relación contigo mismo y con quienes te rodean, tanto en el entorno familiar como en el laboral.

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